Translate

Feb 13, 2026

Mirage III, el caza del Ejército del Aire ligado al Proyecto Atómico Islero


Durante los años más intensos de la Guerra Fría, la España franquista vivió una etapa marcada por la búsqueda de autonomía estratégica y por proyectos que hoy parecen casi irreales. Entre ellos destacaba el Proyecto Islero, el intento español de desarrollar un arma nuclear propia en un contexto internacional dominado por la disuasión y el equilibrio del terror.



En ese escenario surge una pregunta inevitable desde el punto de vista histórico y militar. Si España hubiera llegado a completar su programa nuclear, ¿qué plataforma aérea habría asumido el papel de vector táctico? La respuesta más probable apunta a un avión concreto que llegó a formar parte del Ejército del Aire en los años setenta, el Mirage III.

Un caza nacido dentro de la lógica nuclear europea


(Mirage III de L'Armeé de L'Air portando una bomba nuclear AN-52 de prácticas)

El Mirage III no fue simplemente un interceptor supersónico moderno para su época. Fue concebido en la Francia de la disuasión estratégica, donde los cazas de primera línea debían tener capacidad potencial para misiones de penetración profunda y empleo de armamento nuclear táctico.

A comienzos de los años 70, Francia dio un paso decisivo al convertir parte de su flota de Mirage IIIE en un vector nuclear táctico plenamente operativo dentro de su estrategia de disuasión independiente. La Operación Tamara culminó el 28 de agosto de 1973 con el lanzamiento real de una bomba nuclear táctica AN-52 desde un Mirage IIIE en la zona de pruebas cercana al atolón de Mururoa, validando la integración del arma y consolidando el papel del caza como plataforma nuclear creíble. A partir de entonces, unidades de la Armée de l'Air como el EC 1/4 Dauphiné y el EC 2/4 La Fayette asumieron perfiles de penetración a baja cota diseñados específicamente para ataques nucleares tácticos, demostrando que el Mirage III no era solo un interceptor elegante, sino también una pieza clave del paraguas estratégico francés durante la Guerra Fría.


(Pilotos y aviadores franceses durnte la Operación 'Tamara)

Este contexto convierte la elección española en algo más que una simple decisión técnica. España estaba adquiriendo un sistema diseñado dentro de una filosofía estratégica que incluía el uso potencial de armas nucleares.

La llegada a España y el despliegue en Manises


Los Mirage III españoles, conocidos popularmente entre pilotos y personal como “la plancheta” por su característica ala delta, fueron destinados a la Base Aérea de Manises, en la ciudad de Valencia. Allí formaron el entonces 101 Escuadrón, constituyendo una de las unidades más modernas del Ejército del Aire de la época.


Su misión oficial era la defensa aérea y la interceptación, pero su llegada coincidió con un momento en el que España analizaba escenarios estratégicos mucho más amplios. El simple hecho de operar una plataforma con potencial doctrinal nuclear otorgaba una flexibilidad estratégica significativa, incluso sin necesidad de desarrollar capacidades nucleares reales.

Francia, transferencia tecnológica y opciones estratégicas abiertas

Durante los años sesenta y setenta existió una relación militar y tecnológica relevante entre España y Francia. París estaba desarrollando su propia fuerza nuclear independiente, y sus programas aeronáuticos reflejaban esa filosofía estratégica.

España no recibió transferencia directa de capacidades nucleares asociadas al Mirage III. Sin embargo, el contexto estratégico y la naturaleza del avión permiten interpretar la compra como una decisión que mantenía abiertas ciertas opciones futuras, especialmente en una época donde la autonomía militar era un objetivo prioritario.

El Mirage III como hipotético vector nuclear español


Si el Proyecto Islero hubiera avanzado hasta convertirse en una capacidad operativa, el Mirage III habría el candidato más lógico dentro del inventario español para asumir misiones de ataque nuclear táctico. Su velocidad, su perfil de penetración y su filosofía operativa encajaban con los conceptos europeos de empleo nuclear de la época.

Eso habría requerido doctrinas específicas, modificaciones técnicas, formación especializada y una arquitectura política que nunca llegó a materializarse. Pero desde el punto de vista técnico y estratégico, España contaba con una plataforma que habría podido evolucionar hacia ese papel.

Hoy, imaginar Mirage III españoles en misiones nucleares pertenece claramente al terreno de la suposición. Sin embargo, también sirve para entender mejor las decisiones estratégicas tomadas durante la Guerra Fría. 

El Mirage III fue uno de esos sistemas. Un avión que representó modernización, autonomía estratégica y la posibilidad —nunca materializada — de que España hubiera seguido un camino muy distinto dentro del tablero nuclear europeo.

No comments:

Post a Comment