Durante los últimos años, la sustitución de los F-16 de la Fuerza Aérea Portuguesa ha pasado de parecer una decisión casi automática a convertirse en un debate político, industrial y geoestratégico de primer nivel. El F-35A, inicialmente señalado como el sucesor natural, ha terminado sometido a una profunda revisión estratégica en Lisboa.
El F-35 como relevo lógico del F-16
A finales de 2023, el entonces jefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea Port9uguesa, João Cartaxo Alves, dejó claro que el F-35 era la opción más coherente para sustituir una flota de F-16 con entre 30 y casi 40 años de servicio.
Desde un punto de vista estrictamente militar, el razonamiento era difícil de discutir:
- Interoperabilidad plena con la OTAN
- Integración en el ecosistema de combate aéreo de quinta generación
- Continuidad doctrinal respecto al F-16
- Amplia adopción en Europa (Noruega, Países Bajos, Dinamarca, Bélgica, Reino Unido, Italia, Alemania…)
En palabras del propio Alves, el F-35 era “el único avión de quinta generación capaz de cumplir plenamente los requisitos de misión de Portugal”.
Sin embargo, el entusiasmo militar chocó pronto con la realidad política y presupuestaria.
En diciembre de 2023, el Gobierno portugués aclaró que no existía ningún proceso formal de adquisición en marcha, ni el F-35 figuraba en la Ley de Programación Militar aprobada ese mismo año, que fijaba prioridades hasta 2034 por valor de 5.500 millones de euros.
Las inversiones se centraban en otros ámbitos:
- Aviones de apoyo cercano
- Reabastecimiento en vuelo (KC-390)
- Patrulleros oceánicos
- Capacidades navales y logísticas
El mensaje era claro: el F-35 era una visión de futuro, no una decisión inmediata.
Punto de inflexión en 2025
El ministro de Defensa, Nuno Melo, introdujo un argumento hasta entonces ausente del debate: La dependencia estratégica de Estados Unidos.
Entre sus preocupaciones destacaban:
- La autonomía operativa real del F-35
- La dependencia logística y de mantenimiento
- El control estadounidense de sistemas digitales y de gestión en la nube
- La incertidumbre sobre la política exterior de Washington a medio plazo
El debate dejó de ser únicamente militar y pasó a ser político-estratégico:
¿hasta qué punto un país pequeño debía atar su capacidad aérea crítica a un único proveedor externo?
La alternativa europea entra en escena
Ese cambio de tono abrió la puerta a opciones que hasta entonces parecían secundarias.
En octubre de 2025, Airbus formalizó su interés en posicionar el Eurofighter Typhoon como sustituto del F-16 en Portugal, firmando un memorando de entendimiento con la industria aeronáutica portuguesa.
Los argumentos europeos eran distintos:
- Mayor soberanía industrial
- Retornos económicos y participación local
- Integración en cadenas de valor europeas
- Menor dependencia política de EE. UU.
Portugal, además, ya operaba plataformas de Airbus como el C-295, lo que reforzaba la narrativa de continuidad industrial.
La presión atlántica: el mensaje de Washington
El debate no pasó desapercibido al otro lado del Atlántico.
En febrero de 2026, el embajador estadounidense en Lisboa, John Arrigo, intervino públicamente recomendando que Portugal apostase por el F-35, subrayando:
- La interoperabilidad OTAN
- La pertenencia al “núcleo duro” de fuerzas aéreas europeas
- La necesidad de aumentar el gasto en defensa
Su mensaje encajó en un patrón cada vez más visible: La diplomacia estadounidense como actor directo en decisiones de adquisición militar aliada.
A día de hoy, Portugal no ha lanzado un proceso formal de selección, ni ha cursado ninguna solicitud oficial de compra y baraja una flota futura estimada entre 14 y 28 aeronaves y considera el próximo caza como solución puente hacia programas de sexta generación
Lisboa incluso ha manifestado su interés en participar, aunque sea como observador, en programas europeos como FCAS o GCAP.
El caso portugués demuestra que el debate sobre el F-35 ya no es solo técnico sino de autonomía estratégica, dependencia industrial y sobre el equilibrio entre Europa y Estados Unidos.
El F-35 sigue siendo una opción poderosa —quizá la más capaz—, pero ya no es incuestionable.


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