En el debate sobre el futuro de la aviación de combate española suelen aparecer comparaciones rápidas entre programas internacionales. En ese contexto, el KF-21 Boramae suele presentarse como una opción “más fiable” frente al KAAN, bajo el argumento de que Corea del Sur es un país tecnológicamente más avanzado. Sin embargo, para España, esa lectura es incompleta y, en cierto modo, engañosa.
El problema no es el nivel tecnológico coreano, incuestionable, sino la dependencia estructural del KF-21 respecto a Estados Unidos. El programa surcoreano descansa sobre motores, certificaciones, sistemas críticos y autorizaciones de exportación estadounidenses. Eso convierte al KF-21 en un avión moderno, sí, pero políticamente condicionado, especialmente para un país como España, que busca preservar autonomía industrial y libertad de decisión estratégica dentro del marco OTAN.
Desde el punto de vista español, el KF-21 sería un sistema “cerrado”: un producto terminado, con poco margen real para influir en su evolución tecnológica, arquitectura de misión o futuras exportaciones. En otras palabras, un avión que se compra… pero no se construye ni se gobierna.
KAAN: más riesgo, pero también más soberanía
El KAAN, desarrollado por Turquía, representa justo el enfoque opuesto. Es un programa con más incertidumbres, pero también con una ambición de soberanía tecnológica mucho mayor. Turquía está asumiendo riesgos industriales que Corea del Sur ha evitado deliberadamente, precisamente para no depender de vetos externos en el largo plazo.
Para España, este matiz es clave. No se trata solo de evaluar qué avión vuela antes o qué prototipo parece más “pulido”, sino de preguntarse dónde puede aportar valor la industria nacional y en qué programa existe margen real de cooperación. En el KAAN, ese espacio existe: motores, estructuras, sistemas, integración y evolución futura siguen abiertos.
El precedente HÜRJET – SAETA II
Además, España no parte de cero en su relación con la industria aeronáutica turca. El acuerdo firmado en torno al HÜRJET – SAETA II marca un precedente claro: cooperación industrial, codesarrollo y adaptación a necesidades españolas, no simple compra de catálogo.
Ese modelo es difícilmente replicable con el KF-21, donde el margen de participación extranjera está estrictamente limitado por la arquitectura del programa y por las restricciones estadounidenses. En cambio, el KAAN podría convertirse —si España decidiera implicarse— en algo más que un avión: una palanca industrial y estratégica.
El KAAN sería una apuesta compleja, con riesgos, pero alineada con una idea de autonomía estratégica que España dice querer mantener. Y en un contexto de incertidumbre sobre calendarios como el FCAS, ese matiz puede marcar la diferencia entre comprar tiempo… o comprar futuro.
































