La proliferación de drones de bajo coste está obligando a las fuerzas aéreas europeas a replantearse cómo proteger su espacio aéreo. La última muestra llega desde Letonia, donde la Fuerza Aérea está estudiando la posibilidad de incorporar aviones ligeros de combate y entrenamiento, entre ellos el Embraer A-29 Super Tucano, para utilizarlos principalmente contra drones y otros objetivos lentos. No se trata por ahora de una compra decidida, pero sí de una opción que las Fuerzas Armadas letonas consideran real.
La iniciativa tomó forma a mediados de julio, cuando el entonces comandante de la Fuerza Aérea letona, coronel Viesturs Masulis, participó en la Global Air & Space Chiefs’ Conference celebrada en Londres. Durante el encuentro mantuvo contactos con representantes de la industria para estudiar diferentes aviones ligeros de combate y entrenamiento. Posteriormente, el Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas Nacionales encargó analizar las soluciones disponibles y ya se ha solicitado a los fabricantes información sobre costes y plazos de entrega.
Masulis fue bastante claro sobre el posible empleo de estos aviones. La idea no sería utilizarlos simplemente como aviones de ataque ligero, sino considerarlos “como un sistema de defensa aérea aerotransportado”, especialmente contra objetivos lentos y drones. Esta distinción es importante porque coloca al Super Tucano en un espacio intermedio entre los sistemas de defensa antiaérea terrestres y los cazas de altas prestaciones.
El planteamiento tiene una explicación evidente. Emplear un caza de combate o un misil antiaéreo avanzado contra determinados drones puede resultar poco sostenible desde el punto de vista económico. Un avión como el A-29, equipado con sensores electroópticos e infrarrojos, armamento integrado y capacidad para utilizar municiones guiadas y misiles aire-aire, puede permanecer durante largos periodos patrullando a un coste de operación muy inferior al de un caza a reacción. Embraer sitúa además la autonomía del Super Tucano por encima de las seis horas y destaca su capacidad para operar desde pistas cortas o poco preparadas.
La propia Embraer está intentando adaptar el concepto del Super Tucano a esta nueva amenaza. El fabricante ha desarrollado una configuración específica para misiones contra sistemas aéreos no tripulados y trabaja con la estadounidense Valkyrie Aero en la integración del sistema Gunslinger, destinado a ayudar en la detección, seguimiento y enfrentamiento de drones. El concepto combina los sensores del avión con armamento como ametralladoras y cohetes guiados.
Para Letonia, además, la incorporación del A-29 supondría algo mucho más importante que añadir un nuevo tipo de avión. Actualmente el país no dispone de una capacidad propia de aviación de combate de ala fija, por lo que su defensa aérea de alta intensidad depende de los cazas de los países aliados desplegados periódicamente en el Báltico. Un pequeño número de Super Tucano no sustituiría a esos cazas, pero sí permitiría disponer de una capacidad nacional para hacer frente a determinados objetivos de baja velocidad.
El contexto es el de una Europa que está teniendo que enfrentarse a una amenaza aérea muy diferente de la que dominó la planificación militar durante décadas. Los drones utilizados en la guerra de Ucrania han demostrado que una aeronave relativamente barata puede obligar al defensor a emplear medios cuyo coste es varias veces superior. La cuestión ya no es solamente cómo derribar un avión enemigo, sino cómo hacerlo de una manera económicamente sostenible cuando el objetivo puede costar una fracción del interceptor utilizado contra él.
Por eso el interés de Letonia va más allá del propio Super Tucano. Polonia también ha estudiado el A-29 para misiones contra drones, mientras que otros países europeos están buscando soluciones similares para llenar el espacio existente entre los sistemas terrestres de corto alcance y los cazas de combate. Portugal, por su parte, ya ha adquirido 12 A-29N, la variante adaptada a los requisitos de la OTAN.
El A-29 no es, evidentemente, una solución para todos los escenarios. Su velocidad y prestaciones no permiten compararlo con un caza moderno y su utilidad estaría especialmente relacionada con objetivos lentos y misiones en las que pueda aprovechar su autonomía y sus bajos costes de operación. Tampoco está demostrado operacionalmente que la configuración específica desarrollada para combatir drones pueda enfrentarse con eficacia a todos los tipos de drones de ataque empleados actualmente en Ucrania.
Pero precisamente ahí reside el interés del concepto. No se trata de sustituir al F-35, al Eurofighter o a los sistemas de misiles tierra-aire, sino de evitar utilizarlos para todo. Una defensa aérea moderna puede necesitar diferentes capas, desde sistemas electrónicos y armas de muy corto alcance hasta misiles de largo alcance y cazas de altas prestaciones. El Super Tucano podría ocupar uno de esos escalones cuando el objetivo sea suficientemente lento y la prioridad sea mantener un coste de interceptación razonable.
Letonia todavía tiene que recibir las propuestas económicas y de plazos de los fabricantes antes de decidir si continúa adelante. No se ha anunciado ni el número de aviones que podría adquirir ni un presupuesto específico para el programa.
La importancia de esta noticia, por tanto, no está en que Letonia vaya a comprar necesariamente el A-29. Está en que un país europeo miembro de la OTAN está estudiando seriamente recuperar el concepto de avión ligero de combate para una misión que hace pocos años difícilmente habría ocupado un lugar relevante en los planes de defensa aérea: cazar drones.
Y si la amenaza continúa creciendo, el Super Tucano podría no ser el último avión que encuentre en Europa una nueva misión en los cielos del siglo XXI.


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