Alemania ha dado un nuevo paso en la renovación de su aviación de combate con el primer vuelo del F-35A Lightning II destinado a la Luftwaffe. El avión, identificado como 35+01 y con número de construcción MG-01, despegó el 8 de septiembre desde las instalaciones de Lockheed Martin en Fort Worth, Texas, convirtiéndose en el primero de los 35 F-35A encargados por Alemania que realiza su vuelo inaugural.
El vuelo supone la entrada en una nueva etapa de un programa que Alemania aprobó en 2022 para sustituir a sus veteranos Tornado, especialmente en aquellas misiones que Berlín considera prioritarias dentro de la OTAN. El F-35A asumirá entre ellas la participación alemana en la disuasión nuclear de la Alianza, conocida como nuclear sharing, una de las razones fundamentales que llevaron a Berlín a seleccionar el avión estadounidense.
El programa contempla la adquisición de 35 F-35A, en una operación cuyo coste global se sitúa alrededor de los 10.000 millones de euros al incluir aeronaves, armamento, repuestos y servicios asociados. La llegada del nuevo avión supone además la primera incorporación de un caza de quinta generación a la Luftwaffe, que hasta ahora ha basado su capacidad de combate en el Eurofighter Typhoon y el Tornado.
El 35+01 todavía no representa el comienzo de la operación regular del F-35 desde territorio alemán. Los primeros aviones permanecerán inicialmente en Estados Unidos, donde Alemania desarrollará la formación de sus pilotos y personal de mantenimiento. El proceso permitirá crear progresivamente la estructura necesaria para introducir el nuevo sistema de armas antes de trasladar los aviones destinados a Alemania a la base aérea de Büchel, que está siendo adaptada para recibirlos.
Las primeras entregas a Alemania están previstas para 2027, mientras que el objetivo es que la nueva flota alcance su plena capacidad operativa hacia 2030. El F-35 sustituirá progresivamente al Tornado, cuya retirada se ha convertido en una de las principales prioridades de modernización de la Luftwaffe.
El primer avión alemán ya luce las marcas nacionales y será empleado inicialmente dentro del programa de entrenamiento estadounidense. El vuelo inaugural llega después de que el aparato abandonara en agosto la línea de ensamblaje final de Lockheed Martin en Fort Worth y pasara por las últimas fases de preparación, incluyendo los trabajos relacionados con su acabado de baja observabilidad.
Más allá del relevo de un modelo por otro, la llegada del F-35 representa un cambio importante en las capacidades de la Luftwaffe. El avión aporta baja observabilidad, fusión de sensores, capacidad de operar dentro de redes de combate y una elevada capacidad de penetración, características especialmente relevantes para afrontar escenarios en los que las defensas aéreas enemigas hacen cada vez más difícil el empleo de cazas convencionales.
La elección del F-35 también adquiere una dimensión industrial y estratégica. Alemania mantiene una importante participación de su industria en el programa, entre ella la fabricación por Rheinmetall de componentes del fuselaje central para los F-35 europeos. Sin embargo, el núcleo del sistema sigue dependiendo de Estados Unidos, tanto por el propio avión como por buena parte de su infraestructura, mantenimiento, software y cadena logística.
Precisamente esta dependencia estadounidense constituye uno de los elementos de debate en Alemania. La adquisición se produce además en un momento en el que Berlín está replanteando su futura aviación de combate tras el fracaso del FCAS franco-alemán, cuyo desarrollo conjunto quedó interrumpido en 2026. Alemania debe decidir ahora cómo participar en la siguiente generación de sistemas de combate aéreo, mientras el F-35 se convierte en la solución inmediata para mantener sus capacidades hasta que llegue una nueva generación de cazas.
El primer vuelo del 35+01 es, por tanto, mucho más que el estreno de un nuevo avión alemán. Marca el comienzo visible de la transición de la Luftwaffe desde el Tornado hacia el F-35 y la entrada de Alemania en la era de los cazas de quinta generación, al mismo tiempo que Berlín prepara el relevo de una de sus principales capacidades dentro de la estructura militar de la OTAN.
Con el primer F-35A ya en el aire, Alemania comienza a hacer realidad una decisión adoptada hace cuatro años. El siguiente paso será transformar este primer avión en el núcleo de una nueva flota de 35 aparatos que deberá asumir, antes del final de la década, buena parte de las misiones que durante décadas han correspondido al Tornado.


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